Seguramente os hayáis preguntado alguna vez cuál es el sentido de que los españoles seamos de los pocos países del mundo donde se implantan las persianas en todas las casas y algunos lugares de trabajo. ¿Es por seguridad?, ¿Cultura quizá? ¿No queremos que nos vean los vecinos?

Lo cierto es que esta cuestión siempre extraña a nuestros vecinos europeos y sobre todo a los que viven más hacia el norte que por regla tienen menos horas de luz.

En España el uso de persianas viene dado por la cultura popular y por las horas de sol. Recordamos que es uno de los países europeos donde más luz solar hay, de media entre 2.500 y 3.000 horas frente a 1.600 horas de Holanda por ejemplo.

Sin embargo, también forma parte de nuestra esencia popular y son un distintivo de nuestro paisaje inmobiliario en los núcleos de población.

Lo cierto es que según algunos testimonios de expertos en la cultura española, “en España existen aún costumbres de la cultura árabe muy enraizadas, de vivir para dentro de la casa y tener lo bonito en el interior, como los patios, y mirar a través de las celosías”.

La idea de tener las ventanas abiertas como “muestra de la honestidad de los huéspedes y no tener miedo a enseñar si eres pobre o rico”, es propia de países protestantes calvinistas como los del centro de Europa. Por otro lado en España la ética católica implicaba una preocupación por el qué dirán, por demostrar una conducta irreprochable acorde con lo que se espera socialmente de ti. Y las persianas, desconectan tu casa del exterior.